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La Receta Estrella de la Excelencia Educativa

6 de junio de 2016


¿QUIERES SER UN DOCENTE EXCELENTE?

Podemos hablar de excelencia desde muchos ámbitos: la política educativa, la administración, la formación del profesorado… Sin embargo, en lo que yo quiero centrarme es en el propio profesor, en aquellas acciones que puede realizar día a día en el aula. Por el efecto mariposa, porque un pequeño cambio puede generar grandes resultados.

Con el Reto Excelencia Educativa me di cuenta de que la excelencia educativa se compone de una serie de elementos que van enriqueciendo el proceso educativo. Y es por ello que no he querido centrarme sólo en uno, sino destacar aquellos que considero esenciales, esos ingredientes magistrales que, desde mi punto de vista, no pueden faltar en el plato, ¡y lo hacen mucho más rico!

¡Esta es mi receta estrella de la excelencia educativa!

1. PASIÓN

Mi aportación personal al reto Excelencia Educativa fue precisamente llevar la pasión al aula.

La pasión es mi motor, en todos los ámbitos de mi vida. Y la considero fundamental, creo que si pones pasión en lo que haces, ya tienes una gran parte del trabajo hecho porque, indirectamente, te llevará a realizar muchas acciones que te harán brillar en tu labor.

En nuestra profesión, la pasión está muy vinculada a la VOCACIÓN, que si bien es importante en cualquier ámbito, en el educativo es un requisito.

Sin embargo, la pasión por el trabajo, como cualquier tipo de amor, hay que cuidarlo, hay que cultivarlo, y para ello puedes ayudarte de muchas estrategias:
  • Marcarte pequeños objetivos.
  • Identificar y celebrar tus logros.
  • Dejar de quejarte.
  • Tener optimismo.
  • Pensar en los beneficios de tu trabajo.
  • Sonreír… tú eliges tu actitud (es nuestra mayor libertad).
  • Recordar qué te empujó a dedicarte a la docencia.
  • Etc.
Y ante las dificultades, porque todo el mundo tiene días difíciles:
  • Primero, preguntarte el para qué, ¿qué puedo aprender de esto?
  • Y al día siguiente, reset, volver con una sonrisa. Es un nuevo día y una nueva oportunidad.

La pasión tiene una especial cualidad, y es que no puede no transmitirse, no contagiarse, no llegar. Hay que transmitir esa pasión a los alumnos, la pasión por aprender y por crecer como personas. Hay que conseguir que sus ojos brillen.

2. FORMACIÓN

Probablemente la pasión te lleve a moverte, a formarte, a indagar, a estar en mejora continua. La escuela, por fin, está cambiando, y no podemos dar la espalda a todos los nuevos conocimientos que están a nuestro alcance (neuroeducación, TIC, nuevas formas de enseñar y aprender...). Además, hoy en día, accedemos al conocimiento de manera más fácil que nunca. Aparte de la educación formal, tenemos libros, páginas web, vídeos, cursos, encuentros… ¡El que quiere formarse, encuentra la forma de hacerlo!

Y, por último, no podemos olvidar una importante fuente de conocimiento: nuestros propios alumnos.

3. INTELIGENCIA EMOCIONAL

El primer paso que hay que dar como profesor es desarrollar la propia inteligencia emocional, ser un buen modelo de competencia emocional para los alumnos, ya que ellos aprenden por imitación, y de poco sirve lo que les digas de palabra, porque ellos aprenden lo que ven.

Por otro lado, hay que llevar la emoción al aula, de manera transversal y también a través de programas específicos de educación emocional. Un aspecto importante es trabajar todas las competencias emocionales, no quedarse sólo con el etiquetado de emociones. Identificar y poner nombre a las emociones está muy bien, pero no hay que olvidar que sólo es el primer paso. ¿De qué nos sirve conocer las emociones si luego nos desbordan? ¿Si no somos capaces de autogestionar el propio bienestar emocional y disfrutar de la vida? Las 5 competencias emocionales, según el modelo de Bisquerra, son:

  • Conciencia emocional: es la capacidad para tomar conciencia de las propias emociones (identificarlas y etiquetarlas) y de las emociones de los demás (implicarse empáticamente), así como la capacidad para captar el clima emocional de un contexto determinado. Incluye también la toma de conciencia de la interacción entre emoción, cognición y comportamiento.
  • Regulación emocional: es la capacidad para manejar las emociones de forma apropiada. Incluye la expresión emocional apropiada, la regulación de emociones y sentimientos (impulsividad, tolerancia a la frustración, perseverar en el logro de objetivos a pesar de las dificultades, capacidad de postergar recompensas inmediatas a favor de otras más a largo plazo pero de orden superior...), las habilidades de afrontamiento de retos y conflictos, y la competencia para autogenerar emociones positivas.
  • Autonomía emocional: es un concepto amplio que incluye un conjunto de características y elementos relacionados con la autogestión personal, entre los que se incluyen la autoestima (tener una imagen positiva de uno mismo), la automotivación (motivación y emoción van de la mano; automotivarse es esencial para dar un sentido a la vida), autoeficacia emocional (percepción de que se es capaz/eficaz en las relaciones sociales y personales gracias a las competencias emocionales), responsabilidad (capacidad para responder de los propios actos), actitud positiva (decidir adoptar una actitud positiva ante la vida), análisis crítico de las normas sociales (no adoptar comportamientos estereotipados propios de una sociedad irreflexiva y acrítica) y resiliencia (capacidad de superar las adversidades y salir fortalecido de ellas).
  • Competencia social: capacidad de mantener buenas relaciones con otras personas. Incluye dominar las habilidades sociales básicas (la primera es escuchar), respeto por los demás (aceptar y apreciar las diferencias individuales y grupales y valorar los derechos de todas las personas), comunicación receptiva (atender a los demás tanto en comunicación verbal como no verbal para percibir los mensajes con precisión), comunicación expresiva (expresar los propios pensamientos y sentimientos con claridad), comportamiento prosocial y cooperación (realizar acciones en favor de otras personas, sin que lo hayan solicitado), asertividad (capacidad para defender y expresar los propios derechos, opiniones y sentimientos al mismo tiempo que se respeta a los demás, con sus opiniones y derechos), prevención y solución de conflictos (capacidad para identificar, anticiparse o afrontar resolutivamente conflictos sociales y problemas interpersonales) y capacidad para gestionar situaciones emocionales (reconducción de situaciones emocionales en contextos sociales, activar estrategias de regulación emocional colectiva).
  • Competencias para la vida y el bienestar: capacidad para adoptar comportamientos apropiados y responsables para afrontar satisfactoriamente los desafíos diarios de la vida. Incluye fijar objetivos adaptativos (positivos y realistas), la toma de decisiones (sin dilación y asumiendo la responsabilidad de las propias decisiones), buscar ayuda y recursos (identificar la necesidad de apoyo y saber acceder a los recursos disponibles apropiados), bienestar emocional (gozar de forma consciente de bienestar y procurar transmitirlo a las personas con las que se interactúa) y fluir (generar experiencias óptimas en la vida profesional, personal y social).

Algunos ejemplos de cómo trabajar la educación emocional en el aula: el fantástico programa de educación emociocional de la Diputación de Gipuzkoa, el Proyecto Emocionario Musical, el trabajo con “Cuentos para sentir”, “Cuentos para aprender a convivir” y “Cuentos para educar a niños felices”, de Begoña Ibarrola, los cuadernos “Desde dentro”, con los que trabajar emociones, sentimientos, valores, deseos y pensamientos (todavía no he podido hablaros de ellos, pero podéis encontrarlos aquí), practicar mindfulness, pero yendo más allá de la propia técnica, integrándolo en nuestro día a día (tomar conciencia del aquí y el ahora en mi aula es una constante), colorear mandalas, la caja de la gratitud, el Proyecto Entrénate para soñar, el Proyecto Cuéntame un cuento con los videocuentos que elaboramos (“El monstruo de colores”, “Así es mi corazón”, “Orejas de mariposa” y muchos otros), cortos de vídeo (encontraréis muchísimos en la red para trabajar con ellos), libritos inspiradores como “Be happy”, la actividad Tú eres el mejor regalo del mundo, el programa Aulas Felices (tampoco he podido hablaros todavía de él pero todo llegará :-), etc. ¡Las posibilidades son infinitas!

Por último, no podemos obviar los últimos avances en neurociencia que demuestran que las emociones son la base más importante sobre la que se sustentan todos los procesos de aprendizaje y memoria. Las emociones encienden y mantienen la curiosidad y la atención. ¡Emoción-cognición es un binomio indisoluble!

4. COACHING

Si bien la inteligencia emocional es algo que me atrae desde hace tiempo, tengo que reconocer que las bondades del coaching las he constatado en el especialista universitario que acabo de finalizar. ¿Y qué puedo decir al respecto? ¡Que ha sido todo un descubrimiento! Por decirlo de alguna manera, ha sido el complemento ideal que ha acabado de dar sentido a todo, la media naranja de la inteligencia emocional.


El coaching te ofrece un cambio de visión, un “educar al ser” y potenciar que los alumnos brillen por sí mismos. Desde mi punto de vista, tenemos que erradicar una frase muy arraigada en nuestra sociedad que dice que en casa se educa y en la escuela se enseña. Trabajamos con personas y se puede y se debe hacer mucho más que transmitir conocimientos. Algunas dinámicas de aula como el aprendizaje cooperativo o por proyectos, por ejemplo, lo favorecen.

Quien quiera y pueda formarse en coaching, estupendo, será una maravillosa experiencia que le brindará muchas herramientas a nivel personal y profesional, pero si no, en cualquier caso se pueden realizar algunas pequeñas acciones en el día a día en el aula, que marcarán un gran cambio:
  • Hablar menos y escuchar más.
  • Realizar preguntas abiertas.
  • Crear rapport.
  • Utilizar metáforas.
  • Hacer que los alumnos busquen por sí mismos las soluciones, tanto en el aspecto académico como el en personal, relacional...

Si queréis introduciros en el coaching educativo, podéis empezar con el libro "Coaching educativo: Las emociones, al servicio del aprendizaje". El coaching en la escuela se puede poner en práctica en el aula con los alumnos, en tutorías con padres, en comisiones de trabajo, el claustro, en el equipo directivo...

Y, en cualquier caso, siempre podéis buscar experiencias y técnicas que pueden ayudaros. Hay muchísimas dinámicas de fácil aplicación que ayudarán a vuestros alumnos a conocerse mejor, a definir sus objetivos ¡y a diseñar un plan de acción para conseguirlo! Se trata de educar para la vida.

Yo me acabo de iniciar en el mundo del coaching, así que todavía tengo mucho que aprender, pero si algo tienen ya muy claro mis alumnos ¡es que sólo es imposible aquello que no intentas!


5. COMPARTIR

Las buenas prácticas hay que compartirlas, y conseguir que se hable de la educación en positivo. Hay muchísimos docentes que realizan un magnífico trabajo y que puede resultar muy enriquecedor para todos. Se puede compartir con los propios compañeros, en el claustro, en jornadas, en encuentros y, por supuesto, a través de internet. Se trata de contagiar.

Mi blog es un claro ejemplo de compartir, y este artículo (mi particular receta), otro. Y para ayudar a difundirla, he creado un vídeo cortito pero con las ideas principales. ¡Espero que os guste, y si es así, ya sabéis, a compartir!


8 comentarios:

  1. Qué artículo has completado!!!!Has citado todos los aspectos a tener en cuenta.Debemos mejorar día a día para intentar ser grandes docentes con nuestros alumnos.El vídeo es completísimo.Gracias por compartir tu gran trabajo.

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    1. Muchísimas gracias, Richard. Eso es lo que perseguimos muchos, ¡ser los mejores docentes para nuestros alumnos!
      Un abrazo.

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  2. Qué maravilla qué compartas estos artículos con nosotros. Te echábamos mucho de menos. Muchas gracias!!!

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  3. Hola Elena, q alegría verte de nuevo por aquí. A mí me encantaría ser una docente excelente y pongo todo de mi parte para conseguirlo pero me queda mucho para llegar tan alto como tú. Me encanta tu manera de enseñar y te agradezco mucho q la compartas y nos des ideas para poder llevarlas nosotros a la práctica con nuestros alumnos. Un abrazo

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    1. Muchas gracias, Mª Dolores. Seguro que ya eres una docente excelente. Sigue siempre con esas ganas de aprender y mejorar.

      Un abrazo.

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  4. Hola Elena, soy una mama que te sigue desde que descubrí tu blog. Sólo quiero darte las gracias por esa gran labor que realizas y compartes. Al menos los que no tenemos la suerte de conocerte ni de que seas la seño de nuestros hijos, podemos enriquecernos y aprender mucho de ti. Eres una profesional extraordinaria y es una pena que haya tanta gente sin vocación. Los papas de tus niños tienen q estar encantados y que suerte para esos niños haberte conocido porque estoy segura que tu huella siempre estará presente. Enhorabuena y gracias por compartir y ser como eres. Un abrazo.

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    1. Hola María José.

      Muchas gracias por tu comentario. Es muy gratificante como, además de maestros, muchas familias siguen mi blog y disfrutan con su contenido.

      Es cierto que es una pena que haya gente sin vocación en educación, sin duda, por mucho que hablen de política educativa, para mí es el principal problema. Un docente con pasión y vocación sacará lo mejor de sus alumnos. Obviamente, mejor si lo tiene todo a favor, pero no tirará la toalla "por culpa" del sistema.

      Los papás de mis niños me consta que sí están encantados :-) y nada me haría más feliz que dejar huella en mis alumnos, contribuir a su crecimiento como personas para siempre.

      Un abrazo.

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