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Manual para soñar: TUYO, TUYO Y SOLO TUYO

10 de febrero de 2016

Continuamos avanzando en el Proyecto Entrénate para soñar y hoy vamos a hablar de la cuarta sesión del Manual para soñar que realizamos en clase: Tuyo, tuyo y solo tuyo.

En esta sesión seguimos trabajando para conseguir responder al primer interrogante global: ¿Cuál es tu sueño?


La primera semana, con Sueños de alas y plumas, vimos que todas las personas son diferentes, y que cada una tiene su propio sueño. También conocimos cómo Amelia y Enid consiguieron sus sueños. La segunda semana con Ideas que hacen cosquillas, experimentamos cómo pensar en algunas de esas ideas, proyectos o deseos, nos hace cosquillas en el alma. Y conocimos el sueño cumplido de May. Y la tercera semana, con Más que un capricho, vimos que los sueños, al contrario de los caprichos, perduran en el tiempo con la misma intensidad o más. Y exploramos el sueño de Anna.

Esta semana introducimos una nueva característica del concepto de sueño: tiene que ser realmente tuyo.

Puede parecer obvio, pero pueden fácilmente darse diferentes situaciones:

1. Que ese sueño que creemos nuestro sea, en realidad, el deseo de otra persona, que influye en nosotros.

Y esto, todavía con más frecuencia, les puede ocurrir a los niños. ¿Quiénes son las personas más influyentes en los niños? Mis alumnos contestaron: "mis padres", "mis abuelos", "mi familia", "mis amigos", "mis maestros"... Su opinión es importante para ellos. Son su modelo, su guía. Basándonos en ello, estuvimos explorando varios ejemplos. 

Pongámonos en la hipotética situación de un niño cuyo padre es un prestigioso dentista. Su abuelo también lo fue. En tiempos difíciles para su abuelo, consiguió contra viento y marea obtener su titulación de dentista. Con mucho esfuerzo y trabajo, pudo alcanzar su sueño: abrir su propia clínica dental. Su abuelo se convirtió en el típico ejemplo de persona que ha progresado gracias a su trabajo constante y que ha sido capaz de luchar por alcanzar su meta. Gracias a ello, la situación de toda su familia mejoró. Imaginemos que a ese niño le cuentan desde bien pequeñito el gran logro de su abuelo, y continúan contándole cómo su padre, siguiendo sus pasos, estudió odontología y ahora dirige esta clínica. Quizás le hayan repetido desde muy pequeño lo orgullosos que estarían de él si siguiera la tradición familiar, lo fácil y cómodo que sería para él acceder al mundo laboral (¡ya tendría clínica y pacientes!), lo bien que se encontraría económicamente, la gran oportunidad que supone... Puede que ese niño, sin saberlo, crea que su sueño es ser dentista. ¿Pero realmente es su sueño o era el de su abuelo? Y yo no digo que no pueda ser el suyo también. Por supuesto que sí. Pero también puede que no lo sea, y que nunca se lo haya planteado. Y quiero hacer ver a mis alumnos el peligro de creer que un sueño es tuyo sin serlo. Habrá quien lo tenga bien claro y diga: "No, yo no quiero ser dentista". Pero también hay quien no solo no lo dice, sino que ni siquiera lo sabe. Y creo que este itinerario puede ayudarles a ser más conscientes, ahora y en el futuro.

2. Que creamos que sus elecciones son mejores.

Puede que el niño (y no tan niño) sepa que lo que le dicen las personas influyentes para él no coincide con su sueño, pero crea que tienen más valor sus elecciones que las suyas propias (son mayores, tienen más experiencia, saben lo que me conviene...). Por eso creo que desde pequeñitos hay que enseñarles a buscar en su interior, a conocerse ¡y a luchar por lo que se proponen!

(Y no digo que no puedan contar con el consejo de su familia ni mucho menos. ¡Claro que sí! Y con todo su apoyo. Pero que no quiero que dejen de luchar por sus sueños por falta de confianza en sí mismos).

3. Que temamos no ser aceptados por soñar cosas distintas.

¿Qué pasa si nadie comparte mi sueño? ¿Qué pasa si a casi todos mis compañeros les gusta el fútbol y a mí no? Para las personas a veces no resulta fácil no "dejarse llevar por la corriente", no seguir las modas, no hacer lo que hace la mayoría, o lo que los demás (personas de su entorno o la sociedad en general) esperan de ellas. Y puede que desistamos de perseguir nuestro sueño porque pensamos que no encaja. Por eso es importante que tengan mucha seguridad en sí mismos y que valoren la diversidad. Yo les pregunto, ¿qué pasaría si todos tuviésemos el mismo sueño?

Después de reflexionar sobre todas estas situaciones y posibilidades, analizamos qué ocurría con aquellas personas que no hacían lo que realmente deseaban. Estuvimos comentando ejemplos de personas que rompen con su vida radicalmente, lo dejan todo y empiezan de cero una nueva vida. ¿Cuántas personas hemos visto que, aparentemente, lo tenían todo (un súper trabajo muy bien reconocido y remunerado, una gran casa, coches...) y, de repente, lo han vendido todo y han empezado una nueva vida, más sencilla, en otro lugar? Seguro que esas personas no eran felices porque su vida no estaba alineada con sus valores y deseos. ¿O cuántas personas adultas dejan su trabajo y empiezan una nueva carrera porque lo que hacían no era su verdadera vocación? Nunca es tarde para cambiar de rumbo, pero si lo tenemos claro desde el principio, todo eso que habremos ganado, ¿verdad? Y, por otro lado, no todo el mundo tiene la valentía de cambiar de rumbo cuando se siente insatisfecho, no todos son capaces de salir de su zona de confort (que no nos olvidemos que no es aquello que nos hace felices, sino aquello que conocemos y que, por tanto, nos resulta cómodo), y por tanto, se pueden ver atrapados en una vida que no les satisface ni les llena.

Así que, ya que solo se vive una vez, vamos a decidir cómo queremos vivirla.

En ese sentido, dos alumnos quisieron darnos su opinión y contarnos su experiencia. Claudia nos comentó que en casa le dicen que, si quiere ser pastelera, lo puede ser. Que puede hacer lo que quiera de mayor. Y Ares nos contó que a él le dicen que sea policía investigador (de esos que buscan huellas y analizan cosas), pero que él prefiere ser bombero, que es el sueño que más se ha repetido en los papelitos del ejercicio de la semana pasada.

Y la que no pudo ni imaginar qué quería ser de mayor fue Victoria, nacida en 1816, a quien desde pequeña le dijeron que su obligación era ser reina. Sin embargo, mientras la educaban para gobernar, descubrió su gran sueño: convertirse en una soberana ejemplar. Victoria I del Reino Unido gobernó con bondad y firmeza durante 63 años, y fue amada y admirada por los ingleses y por todos los pueblos que la conocieron.


Y continuando con el cuaderno de sueños, las páginas que tienen que realizar esta semana, relacionadas con lo que hemos visto, son las 7 y 8, que podéis descargar aquí. En ellas completarán sus gustos y deseos y los gustos y deseos de otras personas de su entorno, para que sean conscientes de que no siempre coinciden. Y escribirán de nuevo, después de las reflexiones de la semana anterior, cuál es su gran sueño.

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