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Emocionario: IRA

9 de octubre de 2014

Seguimos avanzando en nuestro Proyecto Emocionario. La semana pasada, cuando trabajamos el odio, ya hicimos una pequeña introducción a la emoción de esta semana: la ira

Como las anteriores semanas, lo primero que hice fue colgar en nuestro mural la ilustración de la emoción. Y dejarles pensar un día… Aunque alguno no tuvo que pensar mucho. Carlos S. debió recordar la frase que trabajamos la semana anterior (Cuando el odio nos mueve a la acción, sucumbimos a la ira), porque nada más colgar el dibujo, oí que comentaba: “Es la ira”. Le hice un gesto de que guardara el secreto, para dejar pensar a los demás.




Al día siguiente, les pregunté por la ilustración: sus impresiones, qué veían y qué emoción creían que podía representar. Le pedí a Carlos S. que no interviniera.

- Ares pensó que se trataba del terror. 
- Marc dijo que eran pesadillas. Yo le comenté que “pesadillas” no era una emoción, y entonces las relacionamos con los sentimiento que producen las pesadillas: miedo, ansiedad, terror. 
- David comentó que se trataba del enfado. 
- Y Nico dijo que el dibujo representaba la ira. Claro que Nico es el compañero de mesa de Carlos S, por lo que creo que ya lo habían hablado entre ellos. 

En cualquier caso, no se trata de ningún concurso ni competición, sino de reflexionar sobre las emociones. Y todas ellas eran muy apropiadas para la ilustración.

Nos centramos, entonces, en la "ira", también conocida como “rabia”, “cólera” o “furia”. Lo de la “rabia” y “ponerse furioso” lo entendían más fácilmente que la “ira”.

Aprendimos que la ira es velocísima, que te domina y se va casi sin que te des cuenta. Y que suele apoderarse de nosotros en situaciones que consideramos muy injustas o que atentan contra nuestro bienestar.

Y entonces, el emocionario nos plantea una importantísima pregunta: “¿La ira es útil?”. Pues en una sociedad civilizada, no; porque es una emoción que no te deja pensar. Reflexionamos muchísimo con esta frase, y la repetimos muchas veces. Y llegamos a la conclusión de que cualquier cosa que no nos dejara pensar, no debía ser muy adecuada. La ira nos hace reaccionar como un animal que es atacado por otro. Y como no vivimos entre animales salvajes, nuestras malas reacciones nos suelen meter en problemas. Esta fue otra de las frases en las que hicimos hincapie. Por tanto, tenemos que evitar que la ira tome el control mientras estemos a tiempo, por ejemplo, al sentir un poquito de irritación.

Dio mucho de sí esta emoción, y creo que ha sido una sesión muy interesante y útil, ya que pienso que puede mejorar su manera de resolver los conflictos, si realmente tienen presente todo lo que hemos hablado esta semana.

En cuanto a sus experiencias sobre la ira, la mayoría se daban en situaciones similares. Por poneros algunos ejemplos:
  • Carlos S. siente ira cuando su hermano se enfada con él. Yo le pregunté qué podía hacer para evitar reaccionar de una manera inadecuada, cuando sintiera que su enfado le estaba llevando a poder perder el control. Y me contestó que lo primero de todo había que tranquilizarse. Y además, nos contó su estrategia: “apretarte el cuerpo y te tranquilizas”. ¡Genial, Carlos! Lo importante es reflexionar a tiempo y conseguir no perder el control, de la forma en que a uno le vaya bien. ¡Contar hasta 10 también puede ser súper útil! Nuestra primera reacción, habrá pasado después de contar.
  • Óscar comentó que si su hermano le pegaba, respiraba hondo para calmarse y buscaba una solución para no entrar en ira. ¡Estupendo! Respirar hondo es una estupenda forma de tranquilizarse. 
  • Pablo S. nos explicó que él se calma con la almohada. ¡Supongo que abrazándola fuerte para aliviar tensión! Es importante no descargar nuestra ira contra la pobre almohada, porque aunque no le estemos haciendo daño físico a nadie, no habremos sido capaces de controlar nuestra emoción. Por lo tanto, un abrazo reconfortante siempre será buena idea. 
  • Lola quiso compartir con nosotros que ella nunca había entrado en ira. Le pregunté: "¿Pero sí te habrás enfadado alguna vez?" Y me contestó: "¡Claro!". Un compañero añadió: "¡Todo el mundo se enfada!". Y, efectivamente, todo el mundo se enfada en ocasiones, así que di la enhorabuena a Lola por saber controlar su enfado y no dejar que la condujera a la ira. Carlos G, que tenía la mano levantada, protestó: "¡Jo! ¡Yo iba a decir lo mismo!". Así que le di la enhorabuena también por no haber entrado en cólera en ninguna ocasión.

Y, en general, todos compartirmos experiencias similares. También comentaron que, a veces, los papás también sienten ira. Y yo les dije que, efectivamente, es una emoción que puede dominarnos a todos, incluídos los papás. Pero que por eso estamos identificando y conociendo muchas emociones, para saber regularlas de la manera adecuada y relacionarnos de una manera más satisfactoria con los demás.

En fin, como he dicho anteriormente, creo que ha sido una sesión de la que podemos sacar mucho provecho en el futuro. Y veo que la han interiorizado bien, porque hoy, en la sesión de "valors", donde curiosamente también hemos trabajado las emociones, Claudia ha identificado una cara de un dibujo relacionándola con lo aprendido. Ha mirado el mural de nuestro emocionario, donde tenemos colgada la ilustración de la semana, ha vuelto a mirar el libro y ha dicho: "Esta persona siente ira".

¡La semana que viene más!

* Aunque yo no voy a utilizar las fichas de actividades porque mis alumnos son muy pequeños, aquellos que trabajéis el emocionario con niños de más edad, disponéis de unas fichas de trabajo preparadas para realizar después de cada emoción. Aquí podéis descargar la ficha de la ira y aquí la solución.

Aquí si quieres adquirir el libro Emocionario.

4 comentarios:

  1. Que interesante, te seguiré con interés durante este curso, a ver si puedo aplicarlo a mi aula.

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    1. Muchas gracias, Lorena. Seguro que podrás aplicarlo si te lo propones. ¡Un saludo!

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  2. Elena, me encanta tu blog y todo lo que compartes. Te quiero compartir mi opinión. Yo creo que golpear una almohada es algo muy valioso, o gritar. Es una forma de sacar del cuerpo la energía de la emoción que, o se saca contra alguien de afuera o se reprime y nos daña, darle salida mediante el cuerpo o la voz, sin dañar a nadie es una herramienta terapéutica para liberarla, que a mi me parece muy bien.

    Muchos saludos!

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    Respuestas
    1. Hola Ada.

      Sé que hay quien lo defiende, y no es que me parezca mal, sino que prefiero explotar otras vías primero. No sé, serán manías mías, pero pienso que es preferible evitar reaccionar golpeando (ya sé que a la almohada no le pasa nada). Si otras estrategias como respirar profundamente, contar hasta 10... funcionan, me parece mejor, y si la persona necesita algo más físico, saltar, correr, zapatear... A mí, personalmente, me parece mejor que golpear un objeto, pienso que el cerebro aprende a golpear ante la ira. En cuanto a gritar, me parece estupendo pegar un grito como desahogo, el problema es que, cuando sentimos ira, no solemos estar solos, y la imagen idílica de descargar tu energía en el monte, no se suele dar, por lo que también prefiero evitar gritar a otra persona. Siempre puedes optar por la música...

      En fin, no es fácil, y sólo es mi opinión. En lo que coincido 100% contigo es que no hay que reprimirla, como ninguna otra emoción. Simplemente, prefiero otras vías para gestionarla.

      Un abrazo.

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