Tarro del aburrimiento

Ya han empezado las vacaciones de verano y, con ellas, ¡mucho tiempo libre para los más pequeños! Así que hoy quiero compartir un recurso que quizás algunos de vosotros ya conoceréis: el tarro del aburrimiento


¿Cuántas veces hemos oído exclamar a nuestros hijos: ¡Mamá, papá, me aburrooooo!? El tarro del aburrimiento (o mejor dicho, el tarro contra el aburrimiento) es un recurso que puede resultar interesante para utilizar en determinadas ocasiones con nuestros hijos.


Cuando trabajamos el aburrimiento, dentro del  Proyecto Emocionario, ya mencioné este recurso. Sin embargo, tenía ganas de dedicarle un post completo para poder ahondar un poco más en su funcionamiento (que no es que tenga mucho secreto, jeje) y, sobre todo, aportar algunas ideas.

Como ya hice en su día, ante todo quiero destacar que el aburrimiento en los niños es bueno y completamente necesario. Los pequeños necesitan toparse con tiempo no estructurado en el que tengan tiempo de explorar su mundo interno y externo, ya que es el principio de la creatividad. Sin embargo, también es cierto que hoy en día muchos niños tienen su tiempo perfectamente planificado y ocupado con diferentes actividades, y el tiempo que les sobra, suelen dedicarlo a las pantallas (televisor, tablet, videojuegos...). Si a eso unimos que vivimos en la era de la inmediatez (lo quiero, ¡y lo quiero ya!; tengo un problema y lo soluciono al momento buscando en google; necesito una compra urgente y la hago en internet a un solo click; tengo que decirte algo y te mando un whastapp o un email que recibes al instante...) y que muchos juguetes son cada vez menos imaginativos (cuanto más automáticos y más cosas hagan, menos potencian la imaginación) resulta que muchos niños no saben muy bien cómo gestionar su tiempo en el momento en el que no tienen algo concreto que hacer. Y para estos niños, el tarro del aburrimiento, puede ser una gran ayuda para explorar nuevos horizontes y que una idea les lleve a otra, y otra... Por supuesto, sobra decir que también hay niños que tienen una imaginación y creatividad "a prueba de bomba" y no necesitan ningún recurso que les ayude. Suelen ser, por cierto, aquellos niños que, desde muy pequeñitos, han tenido tiempo para jugar solos o con sus hermanos sin que nadie les dirija. En cualquier caso, a este tipo de niños también les puede interesar el recurso, simplemente porque les parezca divertido para utilizar cuando ellos así lo decidan.

El tarro del aburrimiento es tan simple como un tarro o bote (que podéis decorar como más os guste) en el que introducir papelitos con diferentes ideas y actividades para realizar en esos momentos en el que el niño o niña se aburre y no se le ocurre qué hacer. En el momento en que el niño decida usar el tarro, ha de coger 3 papelitos y escoger una de las opciones propuestas. Fácil, ¿no?

Para mí es importante que se cumplan dos requisitos básicos:

  • Cada niño o niña debe elaborar su propio tarro del aburrimiento. De poco sirve preparar un tarro lleno de ideas "estándard" que se me ocurran a mí o encuentre por la red. Cada niño es único, con sus propios intereses y motivaciones, y que, además, se encuentra en un momento evolutivo determinado. Por tanto, sí, hay que sentarse con él y dedicar un tiempo a escribir todas esas ideas con él y preparar con dedicación ese tarro único y especial. Por supuesto, podemos hacer propuestas, que probablemente aceptará encantado, pero es importante que él participe en todo el proceso, además de aportar sus propias ideas. Al principio, igual no surgen, pero ya veréis que, una vez que digáis algunas, empezarán a surgir más y más ideas fácilmente.
  • Es importante, una vez que tenga mi lista de ideas acabada y antes de empezar a utilizar el tarro, tener disponible en casa todo el material necesario para llevar las actividades a cabo. ¡Sería un tremendo chasco sacar una idea súper interesante y motivadora y no poder realizarla! Es decir, que si una de mis ideas es aprender papiroflexia, debo tener disponibles papeles y fotocopias con las instrucciones necesarias para hacer las figuras (o un libro, o cualquier fuente de información ya preparada). Una idea interesante sería dedicar un espacio de la habitación del niño para tener todos los materiales y recursos que habitualmente no tengo en casa y que va a necesitar para realizar las actividades.

¿Algunas ideas?

  • Recortar fotos de una revista y hacer un collage.
  • Organizar tu habitación (no ordenar, sino revisar cajones, clasificar los juguetes, cambiar cosas de sitio, retirar cosas que no usas y que puedes donar...).
  • Escribir un cuento o un poema.
  • Colorear una mandala.
  • Aprender papiroflexia.
  • Hacer un puzzle.
  • Aprender a atarse los cordones de los zapatos.
  • Aprenderse la letra de una canción y recitarla.
  • Escribir una carta de agradecimiento a alguien o una lista de cosas por las que te sientes agradecido.
  • Hacer un collar o pulsera con pasta de estrellitas o con macarrones.
  • Escribir una carta a un amigo o familiar. (Sí, hay formas de comunicarse que no implican tecnología 😜).
  • Inventar un juego nuevo y crear las normas.
  • Jugar a plastilina.
  • Hacer un cuadro con semillas, legumbres, pasta o arroz.
  • Hacer construcciones.
  • Preparar una entrevista para alguna persona.
  • Jugar a escribir palabras por categorías que con una letra inicial determinada (¿Vosotros no jugabais a "nombre, apellido, cosa, animal, bebida, comida, marca..."? Fue el predecesor del scattergories).
  • Pintar conchas o piedras de playa (recogidas previamente).
  • Aprender un poema y recitarlo a tus padres (o a tus compañeros en clase, si estás en periodo escolar).
  • Hacer pulseras de la amistad.
  • Aprender un truco de magia.
  • Hacer una muñeca recortable y sus vestiditos.
  • Hacer marionetas con guantes o calcetines desparejados.
  • Dibujar una isla desierta y todas las cosas que te llevarías a ella.
  • Crear un club (de niños): carnets, invitaciones, normas...
  • Realizar fotos artísticas. Sin salir de casa, sólo agudizando un poco la capacidad de observación, pueden quedar fotografías muy originales.
  • Bailar.
  • Elegir una canción e inventar una coreografía.
  • Escribir un libro de chistes o adivinanzas.
  • Realizar un frasco decorativo de sal pintada con tizas de colores.
  • Crear tu propio campamento en tu habitación con sábanas, cojines, linterna...
  • Hacerle un dibujo a cada miembro de la familia (destacando una cualidad especial de cada uno).
  • Preparar una gyncana o caza del tesoro.
  • Hacer molinillos de viento para las macetas de la terraza o el jardín.
  • Añadir 3 nuevas ideas al tarro del aburrimiento 😉

Y la lista podría ser infinita...

Sin embargo, como antes he dicho que el tarro debe ser personalizado, yo presenté este recurso en clase, y les propuse a mis alumnos que cada uno realizara su propio tarro al inicio de las vacaciones. Después de ofrecer algunas ideas yo, les invité a que compartieran las ideas que se les ocurrían. ¡Podréis comprobar que los niños tienen una imaginación inagotable! Simplemente, a veces hay que darles un empujoncito 😉

Aquí va lo que ellos propusieron al momento, en los últimos 5 minutos antes de salir al patio, improvisando, sin nada de tiempo para pensarlo previamente:

  • Buscar bichos nuevos en el jardín (Rocío).
  • Jugar a la pelota en el jardín (Sofía).
  • Escalar árboles (Naira). También tiene jardín 😬.
  • Hacer una diadema de flores (Alexandra).
  • Mirar vídeos del Aula de Elena (Camila). Sí, ¡les encanta la sección de videocuentos!
  • Jugar con globos de agua (Elia). Como veis, les encantan las actividades al aire libre...
  • Hacer manualidades (Naiara). Fenomenal, y si concretas diferentes manualidades en varios papelitos, mejor que mejor, así no queda tan ambiguo.
  • Hacer experimentos (Pía). Igualmente, si los experimentos se han concretado previamente, mucho mejor.
  • Jugar con los coches (Javi).
  • Hacer muñecos con material de reciclaje (Miguel Ángel).
  • Hacer un cuadro con elementos del jardín: hojas, ramas, piedras... (Rocío).
  • Imaginar cosas bonitas (Nisha).
  • Hacer muñecos de cartón (Leo).
  • Hacer un álbum con fotos tuyas (Rocío).
  • Disfrazarte (Naiara). Y si me apuras, ¡crear tus propios disfraces o complementos!
  • Leer un libro (Camila). Obvio que el niño siempre debe tener a su disposición lecturas que le motiven y acordes a su nivel lector, con tarro o sin tarro.
  • Colorear (Nisha).
  • Hacer caretas (Álvaro).
  • Buscar formas y dibujos en las estrellas por la noche (Naira). O en las nubes, de día...
  • (Siguiendo el hilo de Rocío...) Buscar insectos y después poner sus nombres en un papel y dibujarlos (Alexandra).
  • Hacer un emocionario (Álvaro). Me encanta, Álvaro. Él se refería a hacer dibujos de las diferentes emociones, aunque la idea ofrece múltiples variantes. Ya sabéis que el emocionario ofrece unas ilustraciones, pero se pueden hacer dibujos propios, buscar obras de arte que nos inspiren, fotografías en internet o revistas (o hacerlas nosotros mismos, representando con nuestro cuerpo la emoción), piezas musicales como hice con el emocionario musical, escribir aquello que nos venga a la cabeza sobre cada emoción... ¡posibilidades infinitas!.
  • Hacer habitaciones dentro de cajas de zapatos (Pía).

Vamos, que si te pones, puedes hacer tu propia casa enterita...

¿Os gustan las ideas? 

Cada vez que al niño se le ocurra una nueva idea, ¡que la añada al tarro! Así irá creciendo casi sin daros cuenta.

Estoy segura de que, poco a poco, los niños utilizarán menos el tarro, porque una vez que entren en la dinámica de realizar actividades ricas y variadas, su creatividad irá en aumento e irán imaginando nuevas cosas que hacer.

Si os animáis, ¿me contaréis vuestra experiencia?


CONVERSATION

3 comentarios

  1. Me encanta la idea, gracias por compartirla; la voy a aconsejar hoy mismo en la reunión de familias que tengo dentro de un ratito.

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  2. ¡Magnífica idea! Gracias por compartirla y feliz semana :)

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  3. ME ENCANTÓ. SON UNOS GENIOS! GRACIAS.

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